domingo, 14 de agosto de 2011

JMJ. MADRID 2.011. ARRAIGADOS


Domingo, vísperas de la Asunción de Nuestra Señora a los cielos, a estas horas en las diocesis se estan celebrando los últimos actos de la JMJ en las diocesis de acogida españolas, muchos son los peregrinos que estan rezando el Rosario, en vigilias marianas por todos los rincones de España. Entramos en la semana más esperada por todos los jovenes que se han convertido en peregrinos, pero tambien por muchos hombres y mujeres que esperamos estas jornadas como una fuente de renovación de nuestra fe y hoy, por segundo día, meditamos en el mensaje que el Santo Padre regalo a la iglesia preparatorio de esta Jornada.


“Arraigado” evoca el árbol y las raíces que lo alimentan. La primera imagen es la del árbol, firmemente plantado en el suelo por medio de las raíces, que le dan estabilidad y alimento. Sin las raíces, sería llevado por el viento, y moriría. ¿Cuáles son nuestras raíces? Naturalmente, los padres, la familia y la cultura de nuestro país son un componente muy importante de nuestra identidad. La Biblia nos muestra otra más. El profeta Jeremías escribe: «Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto» (Jer 17, 7-8). Echar raíces, para el profeta, significa volver a poner su confianza en Dios. De Él viene nuestra vida; sin Él no podríamos vivir de verdad. «Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo» (1 Jn 5,11). Jesús mismo se presenta como nuestra vida (cf. Jn 14, 6). Por ello, la fe cristiana no es sólo creer en la verdad, sino sobre todo una relación personal con Jesucristo. El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia. Cuando comenzamos a tener una relación personal con Él, Cristo nos revela nuestra identidad y, con su amistad, la vida crece y se realiza en plenitud. Existe un momento en la juventud en que cada uno se pregunta: ¿qué sentido tiene mi vida, qué finalidad, qué rumbo debo darle? Es una fase fundamental que puede turbar el ánimo, a veces durante mucho tiempo. Se piensa cuál será nuestro trabajo, las relaciones sociales que hay que establecer, qué afectos hay que desarrollar…

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